Fuentes de información que no dicen nada

Publicado: marzo 24, 2013 en Martina Marco
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Las fuentes informativas son para el periodismo como la arena para el desierto. Las preguntas con las que se obtiene la información, el camino que te muestra el oasis escondido entre las dunas.

La tendencia que tienen los políticos de no permitir preguntas en las ruedas de prensa está hiriendo de muerte a la profesión. Los periodistas dejan de hacer periodismo para adquirir el ya oído nombre de “altavoces”. Los medios de comunicación son un hábitat propicio para el surgimiento y análisis de todo tipo de seres vivos. Desde desconocidos con una vida digna de guion de película hasta cargos públicos que desconocen las materias propias de su puesto. Las historias en los medios surgen como los caracoles después de un día de lluvia. Cuando las lees algo sube desde tu estómago a la cabeza, algo ha cambiado, tu estado de ánimo se transforma. Te ríes, lloras, desesperas, te enfadas y, en otras ocasiones, no sientes nada. Los artículos surgidos como consecuencia de una rueda de prensa sin preguntas provocan esto último.

Los jueces y los periodistas son los peor valorados, según el Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de febrero. Algo en el periodismo se está haciendo mal, pero todos callan. Las noticias se nutren de información. Un artículo que ha recopilado lo que ya se ha dicho, lo que todos saben, lo que todos esperan, es inútil. Es tinta derrochada o bits malgastados. ¿Se debe acudir a las ruedas de prensa sin preguntas? ¿Se debe publicar todo lo que el político dice? Los directores de los medios de comunicación se enfrentan a uno de los retos más difíciles que la profesión les ha puesto delante. ¿Seguirán chupando del bote o les plantaran cara? Las deseosas respuestas a estas incógnitas tarde o temprano saldrán a la luz. Será el momento de observar con detenimiento qué puesto ocupan los periodistas en el estudio de turno.

El ejemplo más conocido de una rueda de prensa sin preguntas es el que protagonizó Mariano Rajoy el día 2 de febrero. El Presidente del Gobierno se escondió tras una pantalla de plasma para negar que hubiera recibido dinero negro y expresar la intención de publicar sus declaraciones de la renta. Es la primera vez que una persona con su cargo se muestra en tales condiciones. Rajoy era presa del pánico. Los periodistas hubiesen sacado sus libretas repletas de preguntas. Preguntas que hubiesen caído como en un bombardeo después de todo el revuelo provocado por las publicaciones de las cuentas de Luís Bárcenas, ex tesorero del PP, en las cuales Mariano Rajoy aparecía.

Todas las redes sociales y medios de comunicación de España y parte del extranjero se hacían eco de lo ocurrido. El periódico Público.es publicaba “Las redes sociales se mofan de Rajoy”. El problema de todo esto no es que el Presidente del Gobierno apareciese en una rueda de prensa detrás de una pantalla de televisión, es que todo lo que puedan decir los políticos ha perdido toda la veracidad y como consecuencia lo que dice la prensa.

El periodismo necesita las declaraciones proporcionadas por los políticos. Es una verdad que duele reconocer. La clase política es una fuente informativa completa, posee información privilegiada que de otra manera resulta muy difícil e incluso imposible de conseguir. Son dos entes que se necesitan, como dos polos opuestos que se atraen. El periodista sale de la redacción, después de pasar toda la noche recopilando datos, en busca de unas buenas declaraciones con las que publicar su artículo sobre política del día siguiente. El político aguarda en su despacho, preparando y estudiando su exposición, al grupo de redactores que impacientes esperan en la puerta. La reunión tiene lugar. El cargo público expresa sus palabras bien aprendidas y llega el momento interesante, el turno de preguntas. Los periodistas armados con bolígrafos apuntan con gran interés las contestaciones. La rueda de prensa se termina, los dos han conseguido lo que querían. Uno ilustrar a través de las declaraciones recogidas a la opinión pública y el otro utilizar a los medios como plataforma para que la sociedad escuche lo que tiene que decir.

La clase política no es toda igual. El alcalde de una reducida población seguro que tiene algo que contar. También el portavoz de un pequeño partido que acaba de surgir o un viejo ex dirigente conocido. No siempre hay que escuchar a los mismos, que en la mayoría de ocasiones ya se sabe lo que va a decir. Las caras nuevas con palabras diferentes dan un aire fresco a las publicaciones. La incesante búsqueda por el periodismo de calidad es lo que puede sacar a la profesión del lodo.

Distintas asociaciones de prensa, como la de Madrid o Sevilla entre otras, han manifestado su descontento ante las ruedas de prensa sin preguntas y proponen algunas ideas para combatirlas. La cohesión que presentaron los corresponsales españoles en Nueva York para plantar a la Ministra de Sanidad, Ana Mato, al conocer que la comparecencia sería sin preguntas, es digna de nombrar y reconocer. Es una buena forma de empezar a plantar cara a esas prácticas que a los actuales políticos tanto les gustan, pero manchan el nombre del periodismo. Porque una rueda de prensa sin preguntas ni es rueda de prensa ni es nada.

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Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno, y Soraya Sáenz, Vicepresidenta, no contestan a las preguntas de la prensa. Fuente: http://noticias.terra.es/entre-lineas/blog/2012/01/19/sin-preguntas/

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